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monumento localizado en una de las glorietas del Paseo de la
Reforma, tiene su antecedente histórico en el gobierno del
emperador Maximiliano de Habsburgo, cuando su suegro, el rey
Leopoldo I de Bélgica, decidió regalar a México una escultura de
Cristóbal Colón para edificar un monumento a este personaje. Dicho
proyecto sería construido por el arquitecto Ramón Rodríguez
Aragoity con esculturas de Manuel Vilar, sin embargo, este proyecto
fue cancelado por los problemas políticos del país y la muerte del
emperador tras el triunfo de los liberales.
Posteriormente, el magnate Antonio
Escandón propuso retomar la idea y le solicitó su construcción al
entonces presidente Sebastián Lerdo de Tejada, quien designó al
escultor francés Henri Joseph Cardier para que la llevara a cabo.
Dicho monumento cuenta con una base
sobre la que se levanta la escultura de Cristóbal Colón, así como
dos relieves llamados "Desembarco de Cristóbal Colón" y
"Fundación de la Iglesia". En su base se encuentran
cuatro esculturas sedentes de los primeros misioneros del continente
americano: Fray Antonio de Marchena, Fray Pedro de Gante, Fray Diego
de Ordaz y Fray Bartolomé de las Casas.
Este monumento se
encuentra en el lugar que originalmente había previsto Maximiliano
de Habsburgo y fue inaugurado en 1877.
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