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La frase "Heureux qui mort dans le
seigneur" (Dichoso aquel que muere en el Señor) marca la entrada
a este cementerio y delata a su vez el origen extranjero de
muchos de sus ocupantes, algunos de ellos, pertenecientes a las familias más encumbradas de la época porfiriana.
El Panteón Francés de la Piedad se
localiza sobre Avenida Cuauhtémoc a un paso de la Colonia Roma y
del Centro Médico Nacional Siglo XXI. Su origen se remonta al
siglo XIX cuando fue promovido por varios empresarios
particulares ante el hacinamiento que empezaban a presentar
algunos cementerios de la ciudad. Para su diseño se tomaron como
referencia algunos de los panteones de la capital francesa,
especialmente el de Montparnasse y el de Pere Lachaise. De tal
suerte, este cementerio fue trazado en torno a una gran calle
central que remata en la capilla funeraria en torno a la cual se
encuentran todos los mausoleos.
Adentrarnos en ese este sitio nos
remite a otro tiempos en una atmósfera serena, sobria y elegante
ajena al bullicio de las calles aledañas. Es un mundo de
pequeños palacios, de columnas, de cúpulas, de magníficas
esculturas y portadas que reflejan la dignidad que tuvieron
alguna vez sus ocupantes, grandes empresarios y millonarios de
principios del siglo XX que hicieron aquí su morada eterna.
Braniff, Torres Adalid, Gaspar Rivera, entre otros son algunos
de los nombres inscritos en las lápidas y monumentos funerarios,
muchos de ellos realizados por los más destacados arquitectos y
artistas de la época, quienes en estas obras pudieron dar libre
expresión a sus ideas a través de variados símbolos y
esculturas. De la ligera sobriedad gótica de la
capilla
funeraria a la profusión de columnas y ornamentos de algunas de
las tumbas, que en conjunto integran uno de los ejemplos
más armónicos de arquitectura ecléctica mexicana de su tiempo,
una auténtica ciudad de muertos en medio de la ciudad de los
vivos.
Con el paso del tiempo, se siguen
conservando varias interesantes obras en el lugar, como el
Memorial a los Caidos en la Segunda Guerra Mundial entre otras,
sin embargo, el olvido y el paso del tiempo está provocando
daños irreperables en algunos de los mauselos, situación que
podría revertirse y financiarse con los ingresos que los
visitantes podrían aportar al lugar mediante el establecimiento
de visitas guiadas a algunas de las tumbas de sus célebres
personajes, que además de proporcionar los recursos económicos
suficientes para restaurarlos, representaría un acto de memoria
y recuerdo, un homenaje a su pasado, además de una enriquecedora
experiencia artística e histórica.
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