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Protegido por una elegante columnata, el
Panteón de San Fernando, es un sitio que mezcla misterio, memoria y
recuerdo, alberga los restos de algunos de los personajes más
influyentes de la historia de México durante el siglo XIX, entre
ellos, los de Benito Juárez, el benemérito de las Américas.
El Panteón de San Fernando se encuentra
junto al templo del mismo nombre en el extremo poniente del Centro
Histórico de la Ciudad de México, en la Colonia Guerrero.
Originalmente, este camposanto formaba
parte del conjunto edilicio del Templo de San Fernando, que tras la
disolución de la orden de los fernandinos en 1860 como parte de las
transformaciones ocurridas en el país tras la Guerra de Reforma, fue
expropiado con el fin de poner en uso los bienes que hasta entonces
habían estado en las manos muertas del clero y cuya
expropiación era necesaria para que el gobierno obtuviera recursos
con los cuales financiar la reconstrucción del país.
Del conjunto original sólo sobreviven en
nuestros días el templo y el cementerio, mismo que tras ser
clausurado para uso general en 1871, fue destinado
a albergar a personajes ilustres de la época, incluso de ideologías
dispares. Algunos de estos personajes son Ignacio Zaragoza, Melchor
Ocampo, Tomás Mejía, Miguel Miramón, Leandro Valle, José María
Lafragua, entre otros. Cada una de sus tumbas constituye un
monumento a su memoria, expresada por medio de enigmáticos e
introvertidos monumentos, que generan un espacio de gran solemnidad
cargado de una atmósfera única.
Especial interés reviste el mausoleo
donde descansan los restos de Benito Juárez, mismo que fue
inaugurado por Porfirio Díaz en 1880. Dicho mausoleo se encuentra
construido en mármol en un sobrio espacio hipóstilo de estilo
neoclásico.
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