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Localizados en la zona limítrofe de los
Estados de México y Michoacán, los poblados hermanos de El Oro y
Tlalpujahua comparten una historia común ligada a la minería, en una
zona que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX,
constituyó una de las provincias mineras más ricas de Norteamérica.
Esta zona de bosques templados y
montañas, estuvo poblada por los indígenas mazahuas durante la época
prehispánica. Décadas después de la conquista española, se
construyeron en 1551 las primeras iglesias en lo que posteriormente
sería la villa de Tlalpujahua.
La región conservó un lento desarrollo
hasta que a finales del siglo XVIII se descubrieron en la zona
importantes minas auríferas que atrajeron a un gran número de
gambusinos y nuevos moradores a la zona en busca del metal precioso.
Fue en este tiempo en que se engalanaron con gran lujo los templos
de Tlalpujahua y se realizó la fundación de El Oro, ocurrida en
1772.
Durante todo el siglo XIX, estos pueblos
tuvieron una gran bonanza que los llevó a ser declarados rápidamente
cabeceras municipales de sus respectivas localidades, construyéndose
de esa manera gran parte de la infraestructura civil, cultural y de
gobierno de dichas villas.
Con el paso del tiempo, el preciado
mineral empezó a escasear en la zona lo que motivó un éxodo masivo
de la población que prácticamente abandonó las villas, situación que
se agravó en 1937 con la expropiación de las minas que hasta
entonces estaban en manos inglesas. Tras el fin de los años de
esplendor de la región, se dio una nueva diversificación en las
actividades económicas de la zona que ahora se caracteriza por su
explotación forestal, el labrado en cantera y más recientemente el
turismo, motivada por la belleza paisajística y arquitectónica de
estas poblaciones.
El Oro se caracteriza por su
arquitectura que mezcla elementos tradicionales de la región con
otros de origen europeo, como respuesta de la influencia que los
inmigrantes extranjeros tuvieron en la zona. De este lugar destaca
su Palacio de Gobierno de estilo ecléctico así como el Teatro
Municipal. Otros atractivos son las capillas de la Magdalena y la de
Santiago Oxtempan.
Tlalpujahua, mientras tanto se
caracteriza por su arquitectura vernácula que le otorga a este
pueblo una hermosa atmósfera tradicional que discurre entre
callejones, plazas y templos de cantera, constituyendo una auténtica
joya aún por descubrir. En este sitio destacan especialmente la
plaza principal y el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, una
fantástica muestra del barroco tardío mexicano.
Entre ambas poblaciones se encuentra la
Presa Brockman, un cuerpo de agua de gran atractivo donde se puede
practicar la pesca de trucha o simplemente dar un paseo como colofón
a este paseo por la historia y la naturaleza de esta zona a dos horas de
recorrido desde la Ciudad de México. |