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Situada en
el lado sur del Paseo de la Reforma, la Colonia Juárez, la más
exclusiva en la Ciudad de México durante los años del
Porfiriato, conserva en nuestros días algunas de sus soberbias y
elegantes casonas que como testigos de la historia presencian
diariamente la vibrante actividad financiera y comercial de la
zona.
La Colonia
Juárez fue fundada en 1874 por Rafael Martínez de la Torre,
fraccionando los terrenos de la antigua Hacienda de la Teja que
ocupaba los terrenos ubicados a ambos lados del
Paseo de la Reforma entre el
Bosque de Chapultepec y el Paseo de Bucareli. Este
empresario vio en los entonces desolados llanos de la zona una
gran oportunidad inmobiliaria que permitiría crear un nuevo
barrio planeado con todas los adelantos de ese tiempo que
atraería a las personalidades más adineradas de la época que
"colonizarían" estas tierras ociosas con la civilización
moderna. Fue años más tarde cuando la visión de este empresario
se cristalizó con la conformación de la corporación Mexico City
Improvements Company, que inició la construcción de esta colonia
siguiendo un trazo ortogonal perpendicular al Paseo de la
Reforma. Este trazo se conserva prácticamente en toda la
colonia, a excepción del sector localizado más cerca de la zona
Centro Alameda, donde las calles llegan en diagonal a Paseo
de la Reforma con la intención de dar continuidad a algunas
vialidades que de esa manera corrían desde el
Centro Histórico.
Hacia los
primeros años del siglo XX, la colonia estaba escasamente
ocupada de tal suerte que uno de sus primeros e influyentes
personajes, Don Ricardo García Granado, antiguo cónsul de México
en Europa pudo bautizar algunas de sus calles deshabitadas con
el nombre de Hamburgo, Bruselas, Berlín o Génova, debido a que
fue en esas ciudades donde sus habían nacido mientras ejercía
sus labores diplomáticas. Más adelante con la nomenclatura
oficial se aceptó la propuesta dando nombres de ciudades del
Viejo Mundo a sus calles, que enmarcadas por elegantes mansiones
eclécticas y ostentosas decoraciones, reflejaban el deseo de esa
época de ciertos sectores de la sociedad de vivir a la usanza
europea, contradictoriamente en 1906 la colonia cambia su nombre
de Americana a Juárez, en honor del brillante presidente que dio
fin al segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo y
Carlota Amalia de Bélgica.
Al paso
del siglo XX y debido al crecimiento de la ciudad, la Colonia
Juárez se encontró de pronto inmersa en la gran metrópoli, sus
residentes originales se mudaron a nuevas colonias como las
Lomas de Chapultepec,
Polanco y
Del Valle entre otras, siendo muchas casas de la zona
reconvertidas en negocios, dando origen a mediados del siglo XX,
a la llamada
Zona Rosa dentro de su perímetro. Con el transcurrir de los
años, se acentuó su proceso de cambio de uso de suelo y los
terremotos de 1985 iniciaron un proceso de abandono que a
últimas fechas esta siendo revertido por los programas de
regeneración del Paseo de la Reforma y el Centro Histórico.
La
Colonia Juárez alberga interesantes ejemplos de
arquitectura ecléctica que puede ser apreciada principalmente en
las calles de Havre y en los alrededores de la Plaza Giordano
Bruno donde destaca la presencia del Templo del Sagrado Corazón
del Niño Jesús edificado por la comunidad húngara así como el
Museo de Cera de la Ciudad de México donde personajes
destacados de la historia de México se dan cita en un fastuoso
palacete diseñado por el Arquitecto Antonio Rivas Mercado,
también autor del Ángel de la Independencia. Otros sitios
destacados en la zona son la Biblioteca Benjamín Franklin, el
Museo de Ripley y el edificio del Instituto Mexicano del Seguro
Social.
Actualmente la Colonia Juárez es una de las zonas con
mayor dinamismo de la ciudad de México debido a la derrama
económica originada en el Paseo de la Reforma, por lo que se
tiene previsto que en un futuro cercano esta zona vuelva a ser
como en sus orígenes, una de las más exclusivas de la urbe.
Atractivos de
esta zona:
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